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¿Qué papel juega la alimentación en el cáncer de mama?

8 abril, 2015
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Se calcula que el cáncer de mama afecta aproximadamente a 1 de cada 8 mujeres en España. Los problemas nutricionales y la manera en que se afronten van a tener un papel importante en el proceso de recuperación del paciente.

Cáncer de mama: algunos datos

El cáncer de mama es el más extendido en mujeres de todo el mundo, tanto en países desarrollados como subdesarrollados (exceptuando los tumores de cáncer de piel no melanomas). Según el informe de la SEOM de 2014, en España la incidencia de cáncer en mujeres es algo superior a la tasa mundial, pero algo inferior a la de los países más desarrollados.

La AECC informa de que se diagnostican alrededor de 26.000 casos al año sobre todo a mujeres de entre 35 y 80 años, y en la gran mayoría de los casos, los patrones dietéticos se ven alterados.

La modificación de los patrones alimentarios ocurre en la gran mayoría de los casos como consecuencia de la imposibilidad de ingesta de ciertos alimentos así como por la inclusión o exclusión voluntaria de otros.

En ocasiones la percepción de la comida puede no ser tan agradable o normalizada como lo era antes del diagnóstico y además, el hecho de no resolver este aspecto de la manera más adecuada puede suponer un contratiempo de importancia en el camino de la recuperación. Por esto, es importante prestar una atención especial a la nutrición durante el tratamiento del cáncer de mama.

Problemas nutricionales

El tratamiento antineoplásico del cáncer de mama, afecta no sólo al tejido maligno, sino que sus efectos repercuten también sobre otros órganos. Esto al final se traduce en un estado nutricional alterado debido a los agentes quimioterápicos.
Algunos de los síntomas habituales en tratamiento del cáncer en general son mucositis, escamas y fisuras en los labios y en la boca, inflamación de la lengua, del estómago y del esófago, las náuseas y los vómitos.

Las probabilidades de que nos terminemos encontrando un problema nutricional grave van en aumento si tenemos en cuenta que junto a la dificultad de ingesta, aparecen aversiones importantes hacia la comida en general o hacia algunos alimentos en particular.

Las aversiones se producen porque el paciente asocia un determinado alimento a una sensación desagradable como los vómitos o las náuseas. Esto provoca que con solo pensar en el alimento en cuestión, aparezca algo de rechazo e incluso de repugnancia.
Existen otras aversiones documentadas en la literatura científica, como las que se producen hacia la carne de res y el pescado que se deben a la alteración de la percepción de sabores debido a una disminución del umbral del sabor amargo como consecuencia del tratamiento quimioterápico.

Otro problema que surge durante el tratamiento contra el cáncer de mama es la ganancia de peso que se produce de manera habitual en mujeres que reciben quimioterapia adyuvante para cáncer de seno. Aunque depende del tipo de tratamiento, la duración y la edad de la paciente, normalmente se produce de manera más acentuada en mujeres premenopáusicas(6).

Consejos de manejo nutricional

A veces estos contratiempos en el ámbito nutricional que empiezan a surgir en los primeros momentos del tratamiento se pueden quedar en inconvenientes no demasiado graves si se abordan de la forma adecuada. Sin embargo, colocar la alimentación en un segundo plano y no prestarle la atención que merece puede conducir al organismo a un estado de salud aún más deteriorado desde el que le costará más luchar contra la enfermedad.

Por esto, en primer lugar debemos lograr que los alimentos estén adaptados a las dificultades de ingesta que se puedan presentar. Para ello, hará falta por ejemplo, modificar las texturas si existe dificultad al tragar, o usar condimentos cuando el sentido del olfato y el gusto se vea resentido.

En segundo lugar, pero no menos importante, el cambio de hábitos dietéticos hacia costumbres más saludables.

Según algunos estudios (4,5), sabemos que la mayoría de las pacientes con cáncer de mama que consiguen vencer la enfermedad ha realizado una serie de cambios en su dieta en los que se aumentó el consumo de frutas y verduras y se disminuyó el de grasas sobre todo las saturadas, las carnes rojas y los azúcares.

Estos hábitos dietéticos nuevos, también van a traducirse en un control del peso corporal ya que en la mayoría de los casos, el aumento indeseado en la báscula se debe a un cúmulo de factores como son unas costumbres inadecuadas, un descenso de la actividad física e incluso en ocasiones, unas consecuencias psicológicas que terminan repercutiendo en las comidas, como la ansiedad o la depresión.

En cuanto a las aversiones, existen momentos específicos en los que hay más probabilidades de que un alimento provoque malestar, como durante la quimioterapia o los momentos posteriores, por ello es importante reconocer el tipo de alimentos que causan más rechazo e identificar cuando se consumieron. De este modo, se puede actuar organizando las comidas para aprovechar los momentos en los que la comida se tolera mejor e incluir aquí los alimentos que más beneficio van a aportar en función de las necesidades personales del paciente.

Estos cambios en los patrones de alimentación han de realizarse en ocasiones de una manera progresiva ya que en algunos estudios (1) se han observado cambios bruscos en las dietas orientados a introducir la mayor cantidad de alimentos considerados saludables y protectores y una eliminación total o parcial de los alimentos que los pacientes consideran nocivos. Sin embargo, esta forma de cambio no es la más adecuada en la mayoría de los casos ya que antes o después, se termina volviendo a las costumbres anteriores.

Éste no es el objetivo, lo que debemos perseguir es adquirir poco a poco hábitos conscientes pero certeros para que sean reales y mantenidos en el tiempo.

Bibliografía


1. Lancheros, L., Gamba, M., González, H., & Sánchez, R. (2004). Caracterización de la evolución del estado nutricional de pacientes con cáncer de mama en tratamiento quimioterapéutico. Rev Colomb Cancerol, 8(2), 11-22.
2. Ortiz, J. S. (2004). Quimioterapia: Efectos del tratamiento antineoplástico sobre el estado nutricional. Nutrición clínica y dietética hospitalaria, 24(1), 19-22.
3. Ronco, A. L., Boeing, H., De Stefani, E., Schulz, M., Schulze, M., & Pischon, T. (2009). A case-control study on fat-to-muscle ratio and risk of breast cancer. Nutrition and cancer, 61(4), 466-474.
4. Kutynec, C. L., McCARGAR, L. I. N. D. A., Barr, S. I., & Hislop, T. G. (1999). Energy balance in women with breast during adjuvant treatment. Journal of the American Dietetic Association, 99(10), 1222-1227.
5. Demark‐Wahnefried, W., Peterson, B., McBride, C., Lipkus, I., & Clipp, E. (2000). Current health behaviors and readiness to pursue life‐style changes among men and women diagnosed with early stage prostate and breast carcinomas. Cancer, 88(3), 674-684.
6. Demark-Wahnefried, W., Winer, E. P., & Rimer, B. K. (1993). Why women gain weight with adjuvant chemotherapy for breast cancer. Journal of Clinical Oncology, 11(7), 1418-1429.
7. Jcobsen, P. B., Bovbjerg, D. H., Schwartz, M. D., Andrykowski, M. A., Futterman, A. D., Gilewski, T., … & Redd, W. H. (1993). Formation of food aversions in cancer patients receiving repeated infusions of chemotherapy. Behaviour research and therapy, 31(8), 739-748.
8. Schwartz, M. D., Jacobsen, P. B., & Bovbjerg, D. H. (1996). Role of nausea in the development of aversions to a beverage paired with chemotherapy treatment in cancer patients. Physiology & behavior, 59(4), 659-663.
9. Nielsen, S. S., Theologides, A., & Vickers, Z. M. (1980). Influence of food odors on food aversions and preferences in patients with cancer. The American journal of clinical nutrition, 33(11), 2253-2261.

Laura Moreno, diplomada en Nutrición Humana y Dietética, licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Máster en Nutrigenómica y Nutrición Personalizada. Responsable del área de nutrición y cáncer en OncoDieta

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